A un siglo de los Juegos que no pudo frenar una pandemia

Por LUIS VINKER / Diario Clarín

La pandemia ​del coronavirus obligó a aplazar los Juegos Olímpicos de Tokio para 2021, una decisión sin precedentes en la historia del olimpismo moderno, aunque sí habían existido cancelaciones por las dos guerras mundiales. Pero un siglo atrás, gran parte del mundo se vio azotado por otra pandemia (la gripe española), que causó más de 20 millones de muertos. Así y todo, con ausentes en el camino, los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 se disputaron como estaban previstos.

El olimpismo, que venía de la cancelación de los Juegos de Berlín 1916 por la Primera Guerra Mundial, pudo celebrar su regreso en la ciudad belga con unos cuantos excluidos, entre ellos los vencidos en el conflicto bélico (Alemania, la Turquía que sucedía al Imperio Otomano y otros aliados) y la emergente Unión Soviética​, todavía ensangrentada por la guerra civil y que recién se convertiría en potencia olímpica varias décadas después.Newsletters Clarín Coronavirus en la Argentina

Amberes recibió a 2.600 deportistas de 29 países. El solitario representante argentino fue el boxeador Angel Rodríguez, un pluma batido en primera vuelta por el noruego Arthur Olsen. Pero una delegación oficial del Comité Olímpico Argentino recién se integró a los Juegos cuatro años más tarde, en París 1924.

¿Los Juegos pasaron de largo aquella pandemia? Según un reciente artículo de Bob Phillips, editor del “Track Stats”, la gripe española no llamó tanto la atención. “La gente, en aquella época, vivía con el temor de infecciones en cada día de su vida”, escribió.

El recuerdo de la Primera Guerra Mundial estaba allí nomás, con sus secuelas devastadoras. Pero no existían los medios de comunicación del presente y las informaciones que aportaban los diarios no sólo llegaban “lentamente”, sino que en la mayoría de los países, el tema de la pandemia era censurado. Justamente se denominó “gripe española” a aquella derivación de la influenza, porque España, país que no estuvo involucrado en la guerra, era uno de los pocos donde se podía escribir sobre este drama.

El primer reporte sobre aquella pandemia se dio en un campamento militar estadounidense (Fort Riley), en marzo de 1918, probablemente con soldados repatriados desde Europa. Un año después, se calculaba que solamente en Francia había un millón de muertos y otros 900 mil en la Comunidad Británica. Y a diferencia de lo que sucede en estos con el coronavirus, la mayoría de las víctimas eran chicos y jóvenes.

El afiche oficial de los Juegos Olímpicos de Amberes 1920.

El afiche oficial de los Juegos Olímpicos de Amberes 1920.

Sin embargo, a fines de junio de 1919, en el parque de Vincennes, en París, se realizó un anticipo de los Juegos Olímpicos. Eran los llamados “Juegos Interaliados”, que recibieron a 1.500 deportistas de 18 países.

La convocatoria para Amberes 1920 tuvo algún gesto de resistencia, pero no solamente por la emergencia sanitaria. Ya había discusiones sobre el “profesionalismo” de algunos participantes –las rígidas reglas del amateurismo del COI le cerraban las puertas a cualquier deportista rentado- y también algunos consideraban que, con la guerra recién terminada, “no había ambiente” para los Juegos Olímpicos. El Barón Pierre de Coubertin, sin embargo, insistió en realizarlos, junto al rey Alberto I, y específicamente en Amberes, una de las ciudades más castigadas por aquel conflicto.

Theodore Cook, uno de los miembros más influyentes del Comité Olímpico británico, pidió no concurrir. Se le plantaron los atletas de su país, capitaneados por Philip Noel-Baker, que ganaría la medalla de plata de los 1.500 metros llanos, y que fijaron su posición en una carta al Times. Baker, con el tiempo, sería ministro del Reino y Premio Nobel de la Paz en 1959 por su oposición a la proliferación de armas nucleares. También el Comité Olímpico de Francia había expresado que “los Juegos no pueden realizarse antes de 1921”.

Pero con muchas dificultades, pocos medios y cierta desorganización, edificios en ruinas y trincheras en las calles, los Juegos de la VII Olimpíada se concretaron en Amberes, en aquel verano europeo, exactamente un siglo atrás.

La bandera olímpica que conocemos ahora se estrenó en Amberes 1920, pero no llegó a París 1924.
Foto: AFP

La bandera olímpica que conocemos ahora se estrenó en Amberes 1920, pero no llegó a París 1924. Foto: AFP

Las novedades eran la bandera olímpica con sus anillos de cinco colores, simbolizando a todos los continentes, y el juramento que tomó el esgrimista, waterpolista (y periodista) Victor Boin: “Juramos que nos presentamos a los Juegos Olímpicos como competidores leales, respetuosos de los reglamentos que los rigen y deseosos de participar en ellos con espíritu caballeresco, por el honor de nuestros países y la gloria del deporte”.

El programa de atletismo, en el que desaparecían varias pruebas del anterior y se asemejaba más al que rige hasta el presente, se desarrolló en una pista de 389,8 metros, en Champs de Beerschot. Allí apareció quien sería uno de los más grandes atletas de la historia, Paavo Nurmi, quien encabezó un poderoso equipo de Finlandia, que acumuló 9 medallas de oro, la misma cantidad que la potencia de siempre: Estados Unidos.

El finlandés Paavo Nurmi ganó tres oros y una plata en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920.

El finlandés Paavo Nurmi ganó tres oros y una plata en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920.

Nurmi, quien su carrera logró 16 récords mundiales desde los 1.500 hasta los 10 mil metros, fue batido por el francés Joseph Guillemot en 5.000 metros, pero tres días más tarde se tomó revancha en el doble de distancia. También lideró a Finlandia en los 3.000 por equipos, prueba que luego desapareció, y entre ese año y 1928 acumuló 9 medallas de oro y 3 de plata en sus participaciones olímpicas, colocándose en la línea de los colosos más recientes, como los velocistas Carl Lewis y Usain Bolt​.

Nacido en Turku, líder de la llamada “generación de los finlandeses voladores”, sereno e inmutable, aspiraba a triunfar también en el maratón de 1932, pero el presunto cobro de “viáticos” lo dejó afuera. Y de paso, le abrió camino en Los Angeles a quien el mismo Nurmi había considerado que podría ganar un maratón olímpico: un joven argentino llamado Juan Carlos Zabala.

La gloria finesa en esos Juegos de Amberes también incluyó a otro fondista, Hannes Kolehmainen, quien ya había sido la estrella de los Juegos de Estocolmo 1912 antes al ganar los 5.000 y 10 mil metros, además de la prueba a campo traviesa. Casi retirado, casado con una estadounidense y residiendo en Nueva York, Finlandia lo “reclutó” para los Juegos. Y en tierra belga Kolehmainen prefirió el maratón, que dominó en 2h32m36, una marca que ni siquiera le permitió quedar como “el mejor de la familia”: uno de sus hermanos ya había corrido en 2h29.

En esas pruebas atléticas de 1920 se batieron apenas tres récords mundiales. El estadounidense Frank Foss lo logró al pasar la varilla a 4,09 metros en el salto con garrocha, prueba en la que utilizaban implementos… de bambú.

Otro norteamericano –de Texas, pero residente en California- fue una de las estrellas de los Juegos. Se trata de Charley Paddock, el vencedor en los 100 metros llanos y en el relevo corto, además de subcampeón en 200. Llamaba la atención su estilo, al arrojarse en “palomita” cuando faltaban cuatro o cinco metros para la meta.

Lo curioso es que un médico de su época, Belin de Coteau, había presentado este informe sobre Paddock: “Es gordo, tiene un hombro más alto que el otro, su columna vertebral está afectada por escoliosis y su respiración nasal es deficiente. Cuando corre, parece un becerro con dos cabezas. Si yo tuviera la suerte de tener a mi lado jóvenes velocistas de talento, les diría: mirar bien a Paddock… y hacer exactamente lo contrario de lo que hace él. No he visto jamás un sprinter tan poco hecho para la velocidad y sin embargo es el mejor del mundo”. Contra todo pronóstico, fue campeón olímpico a los 20 años, subcampeón de 200 en París 1924 y participó en Amsterdam 1928. Fijó el récord mundial con 10s4 notables para su época y se cree que llegó a correr en 10s2, nunca homologados. A su retiro, participó en varias producciones de Hollywood y, alistado como marine en la Segunda Guerra Mundial​, murió en un accidente aéreo en Alaska. Un acorazado de la US Navy lleva su nombre.

(En el atletismo de Amberes también participaron dos atletas de Chile: Arturo Medina McKay -luego gran director de música- estuvo en la clasificación del lanzamiento de jabalina y Juan Jorquera fue 33° en el maratón con 3h17m, tras consagrarse campeón sudamericano meses antes en Santiago en pruebas de fondo).

Entre los 2.600 deportistas que compitieron en Amberes, no había siquiera un centenar de mujeres. Una de ellas, Aileen Rigen, se consagró campeona olímpica de saltos ornamentales con 14 años recién cumplidos, siendo por varias décadas la más joven medallista de oro del historial de los Juegos. Pero en lo que se refiere al atletismo, las damas tendrían que esperar doce años más para ser admitidas en pruebas olímpicas.

Oscar Swahn, el medallista más viejo de la historia: tenía 72 años al ganar la plata en Amberes 1920 en la categoría “ciervo disparo doble“ por equipos. Foto: olympics.com

Oscar Swahn, el medallista más viejo de la historia: tenía 72 años al ganar la plata en Amberes 1920 en la categoría “ciervo disparo doble“ por equipos. Foto: olympics.com

Otro de los personajes de los Juegos de Amberes 1920 fue el remero estadounidense John B. Kelly, vencedor del single y del doble scull. Procedente de una familia de inmigrantes irlandeses en Pennsylvania, su sueño era competir en la famosa regata de Henley, sobre el Támesis. Pero un antecedente lo ponía en riesgo: había cobrado por sus trabajos como albañil. Y Henley no lo aceptaría.

Se decidió por la cita olímpica, donde se llevó ambas medallas doradas, y mantuvo la del doble cuatro años más tarde, en París. La tradición de la familia en el remo se mantuvo con su hijo John –también medallista olímpico-, mientras que la celebridad llegó por otra de las hijas de John B: Grace Kelly, la posterior princesa de Mónaco.

El fútbol tuvo su cuota de escándalo en Amberes, cuando en la final el equipo de Checoslovaquia se retiró después del primer tiempo por la parcialidad del árbitro hacia los locales. A los checos ni siquiera les concedieron la medalla de plata, que fue para España, que tenía en el arco a su legendario “Divino” Zamora.

Justamente en aquellos Juegos surgió el apodo de “la furia” para la Selección española, que recién pudo disiparse en tiempos más recientes, cuando Xavi, Iniesta, Busquets y otros talentos la llevaron al primer plano mundial.

Entre los campeones olímpicos de Amberes también hay que resaltar a los hermanos esgrimistas italianos Nedo (5 medallas de oro) y Aldo Nadi (3), que encima protagonizaron la final individual de sable.

Entre sus nadadores, Estados Unidos contaba con Duke Kahnamoku, un miembro de la familia real de Hawaii. Su pasión era el surf, actividad en la que llegó a protagonizar hazañas hasta hoy insuperables. Ya había logrado dos medallas en la natación de Estocolmo 1912 y en Amberes conquistó los 100 metros libre y el relevo 4×100 libre. Estuvo cuatro años más tarde en París, donde escoltó a la estrella emergente de la natación mundial, su compatriota Johnny Weismuller, luego convertido en Tarzán. Y en 1932, a 20 años de su debut olímpico, Kahnamoku retornó a los Juegos para ser oro en waterpolo.

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