A un siglo del II Sudamericano, en Santiago

Si durante las recientes temporadas, la familia atlética sudamericana celebró el siglo de la fundación de Consudatle (concretada en Buenos Aires, en 1918) y también el siglo del primer Campeonato Sudamericano (Montevideo, 1919) -que además constituye la más antigua entre las competiciones de área de World Athletics- ahora podemos recordar al segundo de estos Campeonatos, que marcó también el ingreso de la Argentina. Ocurrió entre el 23 y 25 de abril en los Campos de Sports Nuñoa, en Santiago de Chile.

En la edición inaugural sólo habían participado Uruguay y Chile, ya que la Argentina recién concretó su afiliación definitiva a Consudatle en marzo de 1920 con su flamante “Federación Atlética Argentina” (luego Federción Metropolitana).

            El segundo Campeonato Sudamericano tuvo como ganador al equipo de Chile, que reunió 61 puntos, seguido por Uruguay con 45 y la Argentina, con 24. Los locales, además, se llevaron 10 triunfos individuales, sobre 6 de Uruguay y cinco de los debutantes argentinos.

            Varios de los atletas que habían brillado un año antes en Montevideo, volvieron a hacerlo en la capital chilena. Por ejemplo, el sprinter uruguayo Isabelino Gradin, quien retuvo sus títulos de 200 metros con 22s.4 y 400 con 54s.0, además de integrar la posta campeona en 4×400 junto a Julio Gorlero, Venancio Flores y Herrera. Y también repitieron sus triunfos el chileno Harold Rosenquist en los 110 metros vallas con 16s4, su compatriota Arturo Medina en jabalina con 49,49 m. y el uruguayo Leonardo Di Lucca con 34,14 m. en martillo.

            Medina, junto al fondista Juan de Dios Jorquera, participaron meses después en los Juegos Olímpicos de Amberes. Medina lo hizo en la clasificación de jabalina, mientras Jorquera ocupaba el 33° lugar del maratón con 3h17m47s.

Dos años antes, Jorquera había ganado el maratón del Torneo Iniciación en Buenos Aires, con 3h28m04s para un trayecto de poco más de 40 kilómetros: a su regreso a Santiago fue recibido como un héroe nacional, con más de 10 mil personas en la estación central y los máximos honores del gobierno de la época. En el Sudamericano de Santiago dominó los 5.000 llanos con 16m11s6 y los 10 mil metros con 33m13s6, mientras asomaba un joven que enseguida alcanzaría la gloria olímpica, Manuel de Jesús Plaza (subcampeón en 10 mil, bronce en 5.000). Plaza, después de su sexto lugar en el maratón de los Juegos de París (1924), fue subcampeón olímpico en Amsterdam 1928, la mayor hazaña –junto a la de Marlene Ahrens en jabalina de Melbourne (1956)- de un atleta chileno en el historial de los Juegos.

Arturo Medina Mc Key (1898-1980), el otro atleta chileno que en ese 1920 también alcanzó la categoría de olímpico (y fue el abanderado en Amberes), fue uno de los grandes personajes de su época. Logró tres títulos sudamericanos (1919, 1920 y 1924, aquí con 53.69 m) y el subcampeonato en 1922, escoltando al brasileño Willy Seuwald. Posteriormente, estudió canto y dirección coral en Milán, integró los elencos de varias óperas allí y, de regreso a Chile, se erigió en uno de los impulsores de la música clásica. Brilló, sobre todo, por su tarea al frente del Coro Polifónico de Concepción -como integrante y luego presidente y director- en una época en que esa ciudad, por su impresionante labor cultural, era conocida como la “Atenas de Chile”. Medina recibió las máximas distinciones culturales en su país, también en Italia, Francia y EE.UU., entre otros, por su notable tarea musical.

            Entre los vencedores chilenos en el Sudamericano de Santiago también tenemos que mencionar al triplista Adolfo Walter Reccius, oriundo de Valdivia y que marcó 13.39 metros. Quince años más tarde, su hermano Hans Werner, otra leyenda del deporte chileno, consiguió el mismo título y su pase a los Juegos Olímpicos de Berlín: falleció hace poco, en 2011, a los cien años de edad.

            También entre los locales descollaron el velocista Marcelo Uranga (ganó los 100 metros con 10s8), Ricardo Muller (vencedor del salto en largo con 6,52 m.), Hernán Orrego (1.76 en salto en alto) y Rosenquist, quien además del ya citado triunfo en 110, logró los 200 metros vallas  -prueba que hoy no figura en el programa del Campeonato- al marcar 26s2. En esta especialidad aventajó al uruguayo Andrés Mazzali, esa verdadera leyenda del deporte de su país. Así como Isabelino Gradin combinaba sus dotes de sprinter en las pistas atléticas con su habilidad y poder de gol en los campeonatos de fútbol (para Peñarol y la Selección Nacional, con la cual conquistó la Copa América), Mazzali fue el gran arquero de la Selección oriental, medalla de oro del fútbol olímpico en París y Amsterdam. Un verdadero superdotado, también fue campeón de básquet en las ligas locales. Y solo un raro episodio en vísperas del Mundial del 30 –lo sancionaron por haber abandonado presuntamente la concentración con una amiga- lo privó de la mayor gloria futbolística.

Los títulos uruguayos fueron los ya citados de Gradin (22.4 en 200 y 54s0 en 400), De Lucca en martillo, Mazzali en 400 vallas (59s0), Héctor Berruti (3.26 en garrocha) y el relevo largo.

Entre los integrantes del equipo argentino se encontraba Enrique Thompson, quien venció en los 800 metros llanos con 2m06s2. Posteriormente sería uno de los integrantes de la primera delegación olímpica de su país en París (1924), obteniendo allí el 13° puesto del decathlon y participando en una serie de los 400 metros vallas. También su compatriota Otto Dietsch (medalla de bronce de los 110 vallas en el Sudamericano) alcanzó la distinción de olímpico en París como integrante de la posta corta. Los otros argentinos que ganaron en el Sudamericano fueron Juan Moliné (1,44 m. en salto en alto sin impulso), un atleta cuyo nombre aparecía el año anterior entre los fundadores de la F.A.A. en representación del Centro de Ingenieros; el mediofondista Angel Entrecasa en los 1.500 metros llanos con 4m23s2 y a dos lanzadores: Benigno Rodríguez Jurado (un hombre que también brillaría en el rugby y en la difusión de la cultura física) con 11.06 m. en bala y Jorge Llobet-Cullen, con 35.28 m. en disco.

Dos años más tarde, la pista de Fluminense en Rio de Janeiro, recibió los llamados “Juegos Latinoamericanos” y Brasil se incorporó a las competencias atléticas de la región. Nombres como los de Gradín y Plaza volvieron a brillar allí. Más aún, se convirtieron en dos de los atletas más exitosos del historial de los Sudamericanos: Gradín, junto al más reciente vallista Andrés Silva, son dueños de 6 medallas doradas (máximo registro de atletas uruguayos). Y Plaza, entre 1920 y 1933, acumuló 18 triunfos, una medalla de plata y una de bronce (las de 1920), siendo así el atleta con más títulos de los campeonatos. En resolución de la Consudatle hace dos años, se designó a dichos Juegos Latinoamericanos de 1922 en Rio de Janeiro como parte oficial de la historia de los Sudamericanos.

FOTO: el legendario vallista uruguayo Andrés Mazzali, quien también fue el arquero de la Selección de fútbol que logró el oro olímpico en 1924 y 1928.

           

           

           

          

          

           

           

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