Elián Larregina y la herencia argentina de los 400 llanos

Fuente: CADA

La obligada suspensión de las actividades atléticas básicas –entrenamiento y competición- por la pandemia han supuesto, también, un parate en los planes y sueños de nuestros mejores valores. Planes y sueños que se retomarán una vez que vuelva la actividad, pero ya enfocados hacia próximas temporadas. Entre los nuevos nombres que pueden apuntalar el futuro del atletismo argentino está el de Elián Gaspar Larregina, el joven velocista surgido de Suipacha, en el interior bonaerense, quien había arrancado con todo en este 2020 con su gran triunfo sobre 400 llanos en el Sudamericano Indoor de Cochabamba. Allí, con 47s.52, impuso el récord nacional bajo techo y aventajó a calificados rivales como el peruano Marco Antonio Vilca (otro buen exponente de la generación 2000) y el brasileño Anderson Freitas Henriques, finalista del Mundial Outdoor de Moscú. Larregina, nacido el 20 de febrero del 2000, surgió en las competencias provinciales bajo la guía técnica del profesor  Juan Cresimati y ahora, radicado en la Capital para sus entrenamientos y estudios, es guiado por el profesor Ariel Tejera. Su nombre puede devolver al atletismo argentino una figuración en una especialidad tan exigente como es la de los 400 metros llanos, en la cual –inclusive a nivel sudamericano y pese a un puñado de nombres relevantes- a los nuestros siempre les costó.

            En los tiempos fundacionales del atletismo argentino federado, hace casi un siglo, tres argentinos coparon el podio de esa prueba en el primer Sudamericano disputado en nuestro país (1924), en la pista de césped del  Club Atlético San Isidro: el platense Félix Escobar ganó con 49s.4, la misma marca que Francisco Dova, siendo ambos los primeros de la región en correr por debajo de los 50 segundos. Federico Brewster completó el podio y estos tres hombres, junto a Emilio Eduardo Casanovas, integraron la posta campeona con 3m23s4. Los cuatro fueron convocados a los Juegos Olímpicos de París, tres meses más tarde, pero –curiosamente- no participaron en el relevo largo y sólo lo hicieron en la prueba individual (se admitían más de tres atletas). El único que atravesó la primera ronda fue Brewster, quien alcanzó los cuartos de final. Escobar, por su parte, compitió en cuatro pruebas, llegando a cuartos sobre 200 metros y quedando en las series de 100, 400 y el relevo corto.

            Brewster, neuquino, fue el heredero del título sudamericano (1926) y un año más tarde, Angel Prada. Pero pasarían más de cuatro décadas hasta que otro argentino –Andrés Calonje en Quito (1969)- ganara este título. Las competencias sudamericanas habían sido dominadas por nombres legendarios como el del uruguayo Isabelino Gradín en los comienzos de los años 20 y el chileno José Vicente “Potrerillo” Salinas en los 30, para luego brillar nombres como los de los hermanos chilenos Jorge y Gustavo Ehlers. Pero a partir de la década del 50 se perfila el gran dominio de Brasil, que acaparó 18 cetros sudamericanos y contó con un valor de primera clase como Sanderlei Claro Parrela, subcampeón mundial en Sevilla (1999) con 44s.29, detrás del fenómeno Michael Johnson. En los últimos tiempos viene asomando Colombia como la potencia en la especialidad, sobre todo por la aparición de Anthony Zambrano, autor de un histórico récord sudamericano de 44s.15 en el último Mundial de Doha 2019, llevándose también la medalla de plata. Y apuntalado por otro “sub 45” como Jhon Perlaza, cuentan con un relevo largo capaz de pelear la medalla olímpica en Tokio.

            El citado triunfo de Calonje en Quito fue el último de un cuatrocientista argentino en los Campeonatos Sudamericanos, complementado en ese evento por la posta 4×400 donde, junto a Calonje estuvieron Juan Carlos Dyrzka, Carlitos Bertotti y José Luis Amatti, todos excelentes y recordados exponentes sobre la distancia. Más aún: ningún velocista argentino ha ganado desde entonces el cetro en alguna de las distancias (de 100 a 400).

            Aquellos primeros argentinos, vencedores en la década del 20, tuvieron su gran continuador en cuanto a capacidad para la prueba en Juan Carlos Anderson, quien fijó el récord nacional de los 400 en 48s.4, en 1932. Pero Anderson tuvo su especialidad favorita en los 800, alcanzando la final olímpica en Berlin (1936), siendo el único argentino en la historia en esa condición. Atleta del Club Belgrano, Anderson completó su gran aventura olímpica atravesando dos  rondas en los 400 llanos y quedando 5° en la semifinal con 48s5.  Su récord nacional recién pudo mejorarse en 1949, cuando Enrique Kistenmacher –gran decathleta, cuarto en los Juegos Olímpicos de Londres- lo bajó en una décima. Y para otra décima más (48s2) fue necesaria más de una década: Juan Stocker, el 13 de mayo de 1961 en La Plata.

            Uno de los sprinters más dotados que hayan surgido en nuestro país –debutó con 10s4 sobre 100 metros a los 17 años, en una pista de césped- Stocker tenía todas las condiciones para arrasar, tanto en velocidad pura como en 400. En esta prueba protagonizó duelos memorables con Dyrzka y Calonje. Pero varias lesiones limitaron su campaña y dejó el atletismo después de no cumplir su sueño de clasificar para Tokio. Se radicó en Canadá y, posteriormente, en Utah (EE.UU.) donde se convirtió en un médico relevante.

            Juan Carlos Dyrzka, uno de los más notables atletas argentinos de todos los tiempos y cuya especialidad era 400 metros con vallas, fue el primero en correr esta distancia –plana- por debajo de los 48 segundos: 47s.8 durante los Campeonatos Nacionales de 1962, en Tucumán. Semanas más tarde, bajó una décima al obtener la medalla de plata en el Iberoamericano de Madrid, en el estadio Vallehermoso. Y también fue medalla de plata en el Sudamericano del año siguiente en Cali, donde estableció el récord con 47s.6 tanto en series como en la final, escoltando al venezolano Hortensio Fusil. En la colmada pista del Parque Chacabuco, durante el Sudamericano del 67, Calonje se batió con bravura para marcar 47s5 y escoltar a la dupla de colombianos Grajales-Alvarez. Y en los ensayos preolímpicos de México 68, semanas antes de los Juegos, Dyrzka marcó 47s0 y Calonje, 46s7, concluyendo allí el historial de las marcas manuales. “Pelusa” se lució en los Juegos Olímpicos, tanto en 100 como 200, en tanto Dyrzka quedó a un paso de la final de los 400 vallas, tras establecer un récord que recién podría ser batido por Guillermo Ruggeri casi medio siglo más tarde. Para los 400 llanos, estuvo Dyrzka con 46s.85 en cuartos de final, el tope argentino electrónico que también tuvo larga vigencia: el cordobés –representante de Ferro- José María Beduino lo llevó a 46s.78 al quedar en el cuarto puesto del Sudamericano de Sao Paulo (1987).

            La década del 90 marcó la aparición del bahiense Gustavo Aguirre, autor de 46s71 y 46s70 en 1997. Carlos Gats, el último de los grandes valores argentinos de velocidad pura y en una de sus escasas apariciones sobre 400, se apoderó de este récord de 400 con 46s46, el 30 de mayo de 1998 en Santa Fe. Pero Aguirre lo recuperó a finales del año siguiente (46s18 en Mar del Plata) y también obtuvo su clasificación para los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, donde ocupó el quinto lugar de su serie.

            Además de los ya citados Anderson, Dyrzka y Aguirre, los únicos argentinos con participación olímpica sobre 400 fueron Guillermo Evans y Antonio Pocoví en los Juegos Olímpicos de Londres (1948), donde también integraron la posta larga con Hermenelindo Alberti y Guillermo Avalos. Evans y Pocoví –en Villa María y Comodoro Rivadavia respectivamente- fueron, en tiempos posteriores, grandes maestros, entrenadores y dirigentes del atletismo nacional.

            Los 46s.18 de Aguirre como récord nacional permanecieron por casi dos décadas, hasta que en julio del año pasado, en su eliminatoria del Panamericano Junior, Elián Larregina lo colocó en 46s.02. Y así, asoma –el primero en mucho tiempo- como un especialista argentino en condiciones de entrar en el plano internacional.

            Elián hizo sus primeras armas en los Bonaerenses y hace tres años fue convocado para el Mundial u18 de Nairobi –el último realizado en esa categoría- donde sufrió una descompensación momentos antes de la llegada. Pero su paso posterior en la categoría juvenil lo mostró muy recuperado, no sólo en cuanto a sus grandes condiciones físicas sino por su coraje, todos atributos necesarios en la vuelta a la pista. Además de acaparar títulos nacionales, brilló en el  Sudamericano u23 de Cuenca 2018, al fijar el récord u20 con 46s54. Quedó cuarto en esa prueba que significó, también, la posibilidad de competir junto a dos atletas que, meses más tarde, estarían entre los mejores del mundo: Zambrano (ganador con 45s19) y el brasileño Alison Brendom Alves dos Santos (subcampeón con 45s97), el gran especialista actual de los 400 vallas. A comienzos del 2019, Elián se había mostrado en óptima forma al ganar en el GP Sudamericano de Concepción del Uruguay con 46s97. Y también allí, junto a su compañero de entrenamientos Damián Moretta y otros dos bonaerenses –Matías Falchetti y Pedro Garrido- quebraron el récord junior de la 4×400, que tenía más de dos décadas, colocándolo en 3m11s82. En esa misma pista fue una de las figuras del Nacional de mayores, donde obtuvo los títulos de 200, 400 y posta larga. A las pocas semanas, Larregina marcó 21s08 sobre 200 metros llanos, en las eliminatorias del Nacional u20 en Mar del Plata, a sólo una décima de la plusmarca que Gustavo Capart mantiene desde 1982; pero sufrió una lesión que le impidió concurrir al Sudamericano u20 de Cali, una de sus ilusiones antes de dejar la categoría. Sin embargo, alcanzó a recuperarse a tiempo para el Panamericano en Costa Rica donde –tras batir el récord argentino absoluto- fue 7° en la final con 46s95; también se colocó entre los finalistas de los 200 llanos.

            Una vez que nuestro país, y el mundo entero, atraviese esta pesadilla del Covid-19, Elián Larregina y otros de los valores de su generación estarán nuevamente en las pistas, tratando de hacer su sitio en la historia del atletismo.

La ficha de Elián Larregina

Sus mejores marcas

100 metros: 10s.89 (el 21-9-2019 en Rosario)

200 metros: 21s.08 (el 12-5-2019 en Mar del Plata y el 28-9-2019 en Buenos Aires). Quedó a 1/100 del récord nacional u20 de Gustavo Capart.

400 metros: 46s.02 (el 19-7-2019 en San José de Costa Rica). Es récord nacional u20, u23 y absoluto. Ya corrió cuatro veces debajo de los 47s.

Otros récords nacionales

400 m. indoor: 47s.52 (el 1-2-2020 en Cochabamba)

Posta 4×400 u20: 3m11s82 (el 31-3-2020 en Concepción del Uruguay) con Moretta, Falchetti y Garrido.

Sus títulos nacionales

2017 u18 (Concepción del Uruguay): 400 metros con 49s91

2018 u20 (Mar del Plata): 400 metros con 51s28

2018 mayores (Rosario): 400 metros con 48s14

2019 mayores (Concepción del Uruguay): 200 con 21s40, 400 con 47s79 y 4×400

2019 u20 (Mar del Plata): 400 metros en Mar del Plata con 47s77

2019 u23 (Rosario): 200 metros con 21s65 y 4×400

FOTO: Gentileza Oscar Muñoz Badilla

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