Eulalio Muñoz, junto a la nieve

Por LUCIANA ARANGUIZ / Diario Clarín

Al chubutense Eulalio Muñoz, uno de los tres atletas argentinos con marca mínima para correr el maratón de los Juegos Olímpicos de Tokio (junto al también chubutense Joaquín Arbe y la chaqueña Marcela Gómez), lo sorprendió muchísimo que el video que compartió hace unos días en su cuenta de Instagram, en el que se lo ve a pura zancada al costado de una ruta bajo una fuerte nevada, se hiciera viral y llamara tanto la atención. «El frío es parte de nosotros. En Esquel siempre hace frío y siempre nieva. Igual seguimos entrenando», le cuenta Coco Clarín. Es que para él, correr con el termómetro bajo cero es cosa habitual y mientras espera la chance de volver a competir tras el parate por la pandemia de coronavirus​, sigue entrenándose en el Sur.

«A mí me gusta mucho lo que hago y por eso disfruto entrenándome afuera. Te da la chance de ver unos paisajes re lindos. No se compara con correr en una cinta en tu casa. Es algo a lo que estamos acostumbrados. No paro de entrenarme en todo el año, así que siempre lo hago con frío y nieve. Pero no solemos filmarlo ni subirlo a las redes», comenta Muñoz, quien cumplirá 25 años este jueves. 

Y, divertido, continúa: «El otro día estábamos haciendo unas pasadas, mi entrenador iba filmando porque necesitábamos el video para mejorar algo de la técnica y dio la casualidad que justo se largó a nevar con todo. Él compartió las imágenes y parece que a la gente le gustaron mucho».

El chubutense, que consiguió la marca mínima para Tokio al cronometrar 2h11m23 (7 segundos menos que el tiempo exigido) en Valencia, en diciembre del año pasado, cuenta que este domingo, un rato antes de contestar el llamado de Clarín, hizo una nueva sesión de entrenamientos con los paisajes nevados de fondo. 

«Estaba fresco, pero como salió el sol, aproveché. Hice 21 kilómetros y fui un poco por la nieve», relata. ¿Qué tan fresco estaba el día en esa ciudad patagónica? «Por la mañana hacía 8 grados bajo cero, pero después subió a 2 grados, con una sensación térmica de menos dos», comenta.

Inmediatamente, comparte otro recuerdo que ilustra las condiciones en las que se suele entrenar durante el invierno. «El año pasado estábamos preparando un maratón y como yo trabajo, me entrenaba bien temprano. A las 6 estaba todo congelado, así que tenía que ir con mucho cuidado por las calles para no caerme«, recuerda y se ríe. «Pero son cosas del entrenamiento. Vamos más abrigados que de costumbre y hacemos una entrada en calor más larga para evitar lesiones, pero estamos acostumbrados», agrega.

Esquel es su hogar desde hace siete años. Allí llegó desde Gualjaina, un pueblito de mil habitantes que está ubicado a casi 90 kilómetros al noreste de esa ciudad turística, con apenas 16 años y el objetivo de hacer carrera en el atletismo​.

«Jugaba al fútbol desde chico en el Deportivo Gualjaina del pueblito donde nací. Pero el club tuvo que cerrar y un amigo me dijo que probara con el atletismo. Mi primera carrera la hice en mi pueblo en 2012. Y la segunda en Esquel. Fue el Medio Maratón al Paraíso. Tenía 16 años, me anoté, corrí 21 kilómetros, quedé 15° en la general y gané en juveniles, que era mi categoría. Si me faltaba algo para motivarme a empezar a entrenar en serio, esa carrera me lo dio», cuenta Muñoz.

¿Qué lo sedujo de este deporte? «Me gustó la posibilidad de viajar. Yo soy de un pueblo chiquito y no salía mucho. Y vi que si seguía corriendo, podía viajar y conocer otros lugares y eso me llamó la atención. Además, cuando ganás una carrera, pensás que si seguís entrenándote te puede seguir yendo bien».

Unos meses después de aquel primer triunfo en juveniles, armó la valija y se fue a vivir a Esquel para empezar a trabajar con Rodrigo Peláez, quien hoy sigue siendo su entrenador. Siempre en carreras largas, empezó a correr desde los 3.000 hasta los 10.000 metros, algunas pruebas de cross country y hasta de medio maratón. Y de a poco sus marcas fueron progresando.

Pero como todo atleta, Coco soñaba con ir a los Juegos Olímpicos​ y sabía que su mejor chance estaba en el maratón. En 2016, inspirado por la fiesta olímpica de Río de Janeiro, quiso dar el salto a los 42,195 kilómetros. Pero Peláez, quien según él es «una gran persona, pero un mejor entrenador», no lo dejó.

«Me explicó que primero tenía que mejorar marcas de 10 mil metros y de 21 kilómetros y después podía pasar al maratón. En 2018 recién pude mejorar esas marcas y el año pasado me dijo: ‘Es tu momento. Hay que entrenar y buscar la marca para Tokio’«.

Muñoz ​corrió su primer maratón en abril de 2019 en Rotterdam, terminó con un tiempo de 2h15m48 y estableció un nuevo récord para Chubut, que meses más tarde mejoró Joaquín Arbe​ en Buenos Aires. Esa clásica prueba en la capital argentina fue la segunda en la máxima distancia para Coco, que mejoró su marca y terminó con 2h12m21. Y en diciembre, en Valencia, en su tercer maratón, marcó las 2h11m23 que le dieron el pasaje a Tokio.

«Cuando decidimos empezar a correr en maratón, dijimos que lo queríamos hacer bien. Por eso estábamos pensando en hacer la marca. Era nuestro objetivo. Habíamos entrenado muy bien. En Rotterdam, como era la primera vez, cometí ciertos errores que después en Buenos Aires no los tuve y esa prueba salió muy bien. Y para Valencia había que pulir solo algunos detalles en la preparación y a la hora de correr -explica el chubutense-. Cuando conseguí la marca para Tokio, estábamos felices porque era para lo que habíamos trabajado no solo en el año previo, sino durante muchísimo tiempo».

El sueño postergado de Tokio

Con la marca asegurada, Muñoz se dedicó a entrenar para llegar de la mejor manera a Tokio, incluso sabiendo que deberá esperar que cierre el período de clasificación -extendido por el coronavirus hasta el 31 de mayo de 2019- para que se confirme oficialmente su lugar para la cita japonesa. 

Ni siquiera paró cuando en marzo el Comité Olímpico Internacional​ anunció la postergación de los Juegos para el próximo año por la pandemia mundial, una decisión que a él le pareció acertada. «Era lo correcto. Más allá de que mi sueño es estar en unos Juegos Olímpicos, hoy queda en un segundo plano y lo esencial para nosotros es siempre la salud», afirma.

Tampoco lo frenó la cuarentena que decretó el Gobierno Nacional el 20 de marzo y que fue estricta en Esquel hasta finales de mayo. «Hice bastante ejercicio. Estuve con mi novia y su familia entrenando bastante en su casa. A veces cuando uno puede salir a correr, quiere correr y no hacer gimnasio. Así que aproveché el tiempo para ejercitar otras cosas: abdominales, brazos y hasta aprendí a saltar la soga. Además, me concentré en mantenerme motivado para que a la hora de volver no se me hiciera tan difícil. Hice todo pensando en el futuro», cuenta.

Tuvo mucho tiempo libre porque trabaja en el Centro de Atención Familiar (CAF) de la Municipalidad de Esquel, que tuvo que suspender sus actividades por el confinamiento. El 21 de mayo, en Chubut se flexibilizaron las reglas de aislamiento social obligatorio y él pudo volver a entrenarse al aire libre.

«En mi ciudad no hubo ningún caso de coronavirus, así que hace un mes y una semana empezamos a salir a correr algunos días, dependiendo de la terminación del documento. Arrancamos a entrenar cuatro días a la semana. Y después llegó la habilitación para los atletas olímpicos, con lo que ahora podemos entrenarnos todos los días», explica.

Y reconoce: «Las primeras dos semanas me faltaba un poco el aire, pero después se me hizo más fácil. Primero hicimos solo kilometraje y ahora empezamos también con las sesiones de pasadas y en la pista».

La planificación para el nuevo camino a los Juegos, claro, deberá esperar la evolución de la pandemia en Argentina y el resto del mundo. Pero mientras tanto, Coco sigue trabajando para estar preparado para cuando vuelvan las competencias, con Tokio 2020 como máximo objetivo y con el nevado paisaje de Esquel como escenario. 

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