Confederación Sudamericana De Atletismo

Joao Carlos de Oliveira, la gloria y la tragedia

Por Luis Vinker (del libro “Medallistas Olimpicos Sudamericanos” / Consudatle / 2018)

Después de las grandes exhibiciones de Adhemar Ferreira da Silva y Nelson Prudencio la dinastía brasileña en el salto triple continuó con otro nombre para la historia del atletismo: Joao Carlos de Oliveira. Adhemar había logrado los títulos olímpicos de Helsinki (1952) y Melbourne (1956), en tanto Prudencio fue subcampeón en un épico concurso en México (1968) y bronce en Munich, cuatro años más tarde.

Joao Carlos de Oliveira alcanzó la cumbre con su récord mundial durante los Juegos Panamericanos de México (1975), estuvo en el podio olímpico en dos oportunidades consecutivas, ganó la Copa del Mundo –antecedente de los Mundiales- en tres turnos seguidos y su campaña atlética, su vida toda, se vio malograda desde un terrible accidente en una ruta paulista. Dueño de condiciones físicas únicas, sobre todo su velocidad y su plasticidad, de una humildad y una simpatía insuperables fuera de las pistas, tendremos que quedarnos con este recuerdo, frente al dolor de lo que significó su partida.

            El gran Joao Carlos nació en Pindamonhagaba, pequeña localidad a 100 kilómetros de Sao Paulo, el 28 de mayo de 1954. Y fue allí donde comenzó a practicar atletismo a los 16 años, tras un paso inicial por el básquet. Bajo la guía técnica de Pedro Henrique Camargo de Toledo y orientado enseguida al salto triple, la especialidad tradicional del atletismo brasileño tomó el relevo de Prudencio al ganar el Campeonato Sudamericano de 1974 en Santiago de Chile con 16,34 m., evento en el que también fue tercero en salto en largo con 7,17 m.

            Un año después, en Rio de Janeiro, ganó ambas pruebas del Sudamericano con 7,66 y 16,48 m. y a los pocos días, durante la Copa Latina en el mismo escenario Celio de Barros llevó el récord sudamericano de salto en largo a 8,20 metros. Era la cuarta vez que conseguía ese récord, además de tener el mérito de ser el primer sudamericano en atravesar los 8 metros (8,13 el 24 de mayo de 1975 en Sao Paulo).

            Aunque no se dedicó específicamente a salto en largo, hay que señalar que mejoró el tope sudamericano en seis oportunidades hasta dejarlo en 8,36 m., el 21 de julio de 1979 en el meeting de Rieti. En la misma prueba fue finalista olímpico en Montreal 1976, donde saltó 8 metros y terminó quinto, a sólo dos centímetros de la medalla. También fue finalista de largo en Moscú 1980, pero no participó.

            El mayor impacto y que convirtió a Joao Carlos de Oliveira en una celebridad deportiva en su país se produjo en los Juegos Panamericanos de México, el 15 de octubre de 1975. Las bondades de la capital mexicana para velocistas y saltadores ya se había demostrado siete años antes, con las espectaculares marcas en los Juegos Olímpicos. Y ahora fue el turno de Joao Carlos de Oliveira: 17,89 metros en salto triple con viento nulo, en su segundo intento, tras fallar en el primero. Rehusó el tercero, cometió otro nulo en el cuarto y también rehusó los dos últimos, ya con la victoria asegurada.

            El brasileño directamente había pulverizado el récord anterior –logrado tres años antes en Sujumi con 17.44 m por esa leyenda soviética llamada Victor Saneiev, tricampeón olímpico- y el impacto fue tal que, durante una década, nadie pudo mejorarlo. Recién lo hizo el estadounidense Willie Banks con 17.97 m en Indianápolis. Aún hoy, cuando ya deslumbran triplistas de la talla de Taylor o Pichardo, los 17.89 son una marca de relevancia mundial y Joao permanece en el 12° lugar de la lista de todos los tiempos. Como récord sudamericano, tuvo una vigencia de 32 años, hasta que su compatriota y subcampeón del mundo Jadel Gregorio lo batió con 17.90 en el Grand Prix de Belem, el 20 de mayo de 2007.

            Pero en aquellos mismos Panamericanos de México no terminó la saga de Joao: también fue campeón del salto en largo con 8,19 m. e integró la posta corta de Brasil, que ocupó el 44° lugar con un récord sudamericano de 39s.18. Hay que citar que, junto a sus logros en saltos, Joao también se daba tiempo para incursiones como velocista y llegó a correr los 100 metros llanos en 10s.1,cuando fue subcampeón del Trofeo Brasil en 1980.

            En su condición de recordman mundial se convirtió en uno de los atletas más convocantes en los grandes torneos. Tenía toda la presión en los Juegos Olímpicos de Montreal y allí, la medalla de bronce detrás del eterno Saneiev y del estadounidense Butts le supo a poco, prometiéndose revancha para Moscú 80.

            En 1977 comenzó a disputarse la Copa del Mundo (hoy Continental Cup) en el marco de las series de la IAAF. Oliveira logró el salto triple en esa edición inaugural en Düsseldorf con 16.68 y retuvo el título dos años más tarde en Montreal con 17.02, ganando un tercero en el Estadio Olímpico de Roma (1981) con 17.37, prueba en la que –entre sus vencidos, en el cuarto puesto- figuró el campeón olímpico de Moscú, Jack Uudmäe.

            También en la temporada del 77 retuvo sin dificultades los títulos sudamericanos en Montevideo (7.95 en largo y 16.40 en triple). En sus entrenamientos y en sus aventuras atléticas, comenzaba a acompañarlo su hermano Francisco Carlos, quien llegaría a medallas de largo (bronce) y triple (plata) en el siguiente Sudamericano de Bucaramanga, con un mejor registro personal de 16.35 para el triple en 1981.

            La temporada de 1978 tuvo para Joao su punto culminante con el meeting PTS de Bratislava donde su marca de 17.44 metros en salto triple significó la mejor del mundo –hasta ese entonces- en sedes a nivel del mar.

            Un año más tarde llegó a San Juan de Puerto Rico para retener sus coronas panamericanas. En largo lo hizo con 8,18 m, aventajando por tres centímetros al cubano David Giralt. El bronce, con 8.13 fue para un jovencito de 18 años llamado Carl Lewis, destinado a convertirse en poco tiempo en uno de los más grandes atletas de la historia. En triple, Oliveira concretó otra gran actuación, se llevó la medalla de oro con 17,27 m., relegando al segundo lugar al estadounidense Willie Banks (16.88), el mismo que mucho tiempo después sería su heredero en el récord del mundo.

            Joao Carlos de Oliveira tenía la cita olímpica como obsesión, pero ya sabemos que sucedió en Moscú, donde otra medalla de bronce –en una competición envuelta en la polémica hasta nuestros días- no podía conformarlo. Nunca se quejó, aceptó con resignación la sentencia (localista) de los jueces de la ex URSS.

            En 1981 mantuvo su dominio en la Copa del Mundo y volvió al Campeonato Sudamericano, ganando su cuarto título consecutivo del salto triple con 17,05 en La Paz (Bolivia), en la pista más alta del mundo.

            Nadie podría imaginar allí que lo marcaba su destino. La tragedia, una pena que permanecerá por siempre. Poco antes de la Navidad, mientras manejaba su auto por la via Anhangueira, desde Campinas hacia  Sao Paulo, fue atropellado por un conductor a contramano. Borracho. Los auxilios y la atención médica fueron desesperados, Joao sufrió varias operaciones. Hasta que finalmente tuvieron que amputarle la pierna derecha.

            Telón para la campaña de un notable campeón, de una personalidad única, de alguien que –a partir de sus sobresalientes condiciones naturales y su calidad de campeón- aún tenía mucho para darle al atletismo. Sobrevinieron sus luchas y sus depresiones Llegó a ser diputado estadual en dos mandatos, entre 1986 y 1990. Pero luego su vida se fue apagando, no le quedaron fuerzas anímicas ni físicas para superar tanta calamidad. Internado durante un mes en el Hospital beneficencia Portuguesa en Sao Paulo con múltiples problemas –neumonía, hepatitis- murió el 29 de mayo de 1999, un día después de cumplir 45 años. Fue velado en la Asamblea Legislativa paulista y sepultado en su pueblo natal. Aquel que al igual que el atletismo sudamericano, lo tendrán como su héroe eterno.

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