La gloriosa dinastía de velocistas venezolanos de los ’60

Hace exactamente seis décadas, con sus actuaciones en los Juegos Olímpicos de Roma y en los inaugurales Juegos Iberoamericanos Santiago de Chile, los velocistas de Venezuela asomaban en el plano internacional. Iniciaban allí un ciclo que tendría nombres brillantes como Rafael Romero, Horacio Estéves y Arquímedes Herrera, y que durante cinco temporadas les permitió dominar el escenario sudamericano y continental. Fue el período de oro de los sprinters de Venezuela y, también, la base para el despegue del atletismo de su país.

                El precursor entre ellos era Clide Bonas, quien el 5 de mayo de 1956 llevó el récord nacional de los 100 metros a 10s.4 durante los Juegos Deportivos Shell (la marca anterior era de 10s.6 desde 1938, a cargo de Hernán Etdegui). Esos Juegos también fueron la “cantera” para numerosos valores del atletismo de su país y Bonas, alternaba el atletismo con el béisbol. El legendario coach Ladislao Lazar incluyó a Bonas en el equipo olímpico de ese año, en Melbourne, donde también asomaba otro gran sprinter como “Rafo” Romero. Ambos estuvieron en las series de 100 metros y formaron la posta con Alfonso Bruno y Apolinar Solórzano, quedando en el cuarto lugar de su eliminatoria con 42s10.

                Tres años más tarde, en los Juegos Panamericanos de Chicago, Romero ya alcanzaba la final de los 100 metros y Venezuela cosechaba su primera medalla relevante en los relevos cuando Emilio Romero, Lloyd Murad, Bonas y el “Rafo” consiguieron el segundo puesto. En esa misma temporada, el Estadio Universitario de Caracas recibió los Juegos Centroamericanos del Caribe, cuyas pruebas del sprint fueron dominadas por el puertorriqueño Manuel Rivera con 10s.87 en los 100 metros y 21s.79 en los 200. Pero los venezolanos ya escalaron hasta el podio, con el juvenil Horacio Esteves (10s91) y Murad (10s92) en el hectómetro y Rafael Romero (21s93) y  el mismo Murad (22s40) en los 200. Y también conquistaron la psota 4×100 con 42s14, formando con Bonas, Murad, Estéves y Romero.

                Rafael Romero, nacido el 24 de marzo de 1938, era hijo de un célebre deportista de Maracaibo, José Encarnación “Pachencho” Romero, quien había obtenido los primeros títulos para el atletismo de su país en las pruebas internacionales de la década del ´40. El gran estadio de Maracaibo hoy lleva su nombre. “Rafo” Romero, al igual que Murad, tuvo su debut en los Juegos Shell y alcanzaría la gloria en los Panamericanos de Sao Paulo, además de apuntalar las formaciones venezolanas en los relevos olímpicos.

                Para los Juegos Olímpicos de Roma, la “prueba reina” de los 100 metros ofrecía varias novedades. Tanto el alemán Armin Hary (21 de junio en Zurich) como el canadiense Harry Jerome (15 de julio en Saskatoon) habían llevado el récord del mundo a los 10 segundos, exactos, y a partir de allí se palpitaba la posibilidad de quebrar esa barrera, lo cual recién se concretaría ocho años más tarde.

                Hary se proclamó campeón olímpico, mientras que Horacio Estéves alcanzó las semifinales (sus compañeros Murad y Romero quedaron en cuartos, y en el caso del “Rafo” también lo hizo en 200). Venezuela tenía ambiciones para el relevo, que inició con 41s11 en su serie y formando con Estéves, Murad, Emilio y Rafael Romero. Sin embargo, una lesión –de las tantas que perseguiría a Estéves a lo largo de su campaña- lo marginó de las rondas siguientes, ingresando Bonas en su lugar. Este mantuvo el buen nivel del equipo para 40s49 y el segundo puesto en semis, que permitió la clasificación a la carrera decisiva. Allí la medalla de oro fue para Alemania con 39s.5 manuales –igualaba el récord del mundo- después que descalificaran a los favoritos norteamericanos, mientras que la Unión Soviética (40s1) y Gran Bretaña (40s2) acompañaron en el podio. Italia fue cuarta con 40s2 y Venezuela, quinta (40s83 electrónicos) en su primera final olímpica del relevo 4×100.

                Pocas semanas más tarde, en el Iberoamericano de Santiago de Chile, los venezolanos coparon las pruebas de velocidad y Rafael Romero fue el nombre estelar: triunfó en los 100 metros con 10s3, delante de un recuperado Estéves (10s4) y del argentino Luis Vienna (10s5). Sobre 200 metros, Romero marcó 20s8 e igualó el récord sudamericano del brasileño José Telles da Conceicao –finalista olímpico en Melbourne- y que ahora lo escoltó con 21s5. El tercer puesto fue para otro venezolano, Lloyd Murad, con 21s5, aventajando por dos décimas al local Alberto Keitel, el padre de quien –décadas más tarde- sería la estrella de la velocidad de nuestra región. Aquella cosecha venezolana se completó en el relevo con 40s3 manuales, formando con Estéves, Murad, Emilio y Rafael Romero.

                En los preparativos venezolanos en Caracas para las competencias internacionales de 1961, Estéves y Romero volvieron a mostrarse en óptima forma. El 23 de marzo, Romero marcó 10s2 en los 100 llanos, igualando otro de los primados sudamericanos de Telles. Y el 4 de mayo, Esteves también se inscribía entre los hombres de 20s8 para los 200 metros.

                El Campeonato Sudamericano se desarrolló en Lima entre el 20 y 28 de mayo, y allí asomó otro de los grandes velocistas que dejaría muy alto a Venezuela: Arquímedes Herrera. Se impuso en los 100 metros con 10s6, la misma marca que Esteves, y sólo Telles (tercero con 10s7) evitó que los venezolanos coparan el podio, dejando a Rafael Romero en el cuarto lugar. En los 200 metros se invirtieron las cosas, ya que Estéves triunfó con 21s3, tres décimas por delante de Herrera. Y luego quedaron Vienna, Keitel, Telles y Rafael Romero. En la posta, con 41s0 y aquellos nombres (Bonas, Herrera, Estéves y Romero), Venezuela no dejó dudas de su superioridad.

                Lo mismo ocurrió en el otro compromiso importante de la temporada, los Juegos Bolivarianos de Barranquilla, donde repitieron el 1-2 de la velocidad: Esteves con 10s4 y Romero con 10s6 en el hectómetro, Romero con 21s4 y Esteves con 21s5 en los 200.Y una posta formada por Bonas, Esteves, Andrés Fawre y Romero que triunfó con 42s0.

                Arquímedes Herrera había nacido el 8 de agosto de 1935 en Bobures, estado de Zulia. Y por eso, le apodaban “El tren de Bobures”. Venía de una familia humilde y había trabajado en las plantaciones de maíz, plátano y yuca. Se cuenta que practicó béisbol y boxeo en su adolescencia, mientras que su ingreso al atletismo se produjo más adelante, cuando cumplía con el servicio militar. Fue allí que Ladislao Lazar detectó sus condiciones y se lo llevó de inmediato para entrenar con su plantel de velocistas en el Estadio Nacional.

                Para los Juegos Centroamericanos de 1962, en Kingston, Herrera ya integraba la elite del sprint de la región y logró podio en ambas distancias, mientras Romero volvió a brillar. Sobre 100 metros triunfó, con 10s4, Thomas Robinson, de Bahamas, una verdadera leyenda en su país, donde el estadio Nassau –sede de los Mundiales de Relevos-  lleva su nombre. Pero Romero también marcó 10s4 para lograr la medalla de plata, una décima por delante de Herrera. Los 200 fueron espectaculares para Venezuela con el triunfo de Romero (21s0), seguido por Herrera (21s3) y aventajando a dos sprinters que, poco después, se ubicarían entre los mejores del mundo: Edwin Roberts (Trinidad Tobago) y Enrique Figuerola (Cuba).

                En octubre de ese año, la pista del Estadio Vallehermoso en Madrid, recibió los segundos Juegos Iberoamericanos (que luego entrarían en un largo receso, para volver como “Campeonato” desde 1983 en Barcelona).  Aquellos Juegos marcaron uno de los éxitos más importantes del historial del atletismo de Venezuela, que encabezó la clasificación masculina con 121 puntos, apenas uno más que la Argentina y los locales.

                Rafael Romero se adueñó de los 100 y 200 metros, con 10s6 y 21s1 respectivamente, superando en esta prueba al argentino Luis Vienna (21s4), con medalla de bronce para Herrera en 21s6. Pero en el relevo corto, la formación venezolana de Herrera, Murad, Andrés Fawre y Romero marcó 41s6 y fue desbordada por Brasil, con cuatro décimas menos.

                Con estos antecedentes, los velocistas de Venezuela aspiraban al protagonismo en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, en mayo del 63. El ascendente cubano Enrique Figuerola –quien un año más tarde llegaría al podio olímpico- se llevó los 100 metros con 10s46, mientras Herrera se lució con la medalla de plata (10s59), superando al estadounidense y ex recordman mundial Ira Murchison (10s62). Esteves quedó cuarto con 10s64 y el sexto puesto fue para otro estadounidense, Ollan Casell, quien décadas más tarde se convertiría en el presidente de la poderosa federación atlética de su país.

                Rafael Romero conquistó los 200 metros en una tremenda final con Casell y Herrera. Fue el mayor triunfo de su campaña, el cronometraje electrónico indicó 21s23 para los tres (aunque en aquel momento se difundió el resultado de 21s2 manual). Y los venezolanos cerraron con una excelente posta 4×100 que marcó 40s71 y escoltó a los favoritos estadounidenses (40s40): el decathleta Héctor Thomas, Estéves, Romero y Herrera integraron aquel equipo.

                Para el Campeonato Sudamericano en Cali, dos meses más tarde, volvían a encontrarse varios de estos protagonistas y ahora Herrera fue la figura excluyente: logró los 100 metros con 10s2 y los 200 con 20s8, igualando aquí el tope regional, delante de su compatriota Hortensio Fusil (21s0). Sin embargo, esta vez no pudieron completar la cosecha: el relevo fue descalificado.

                Los velocistas venezolanos estaban listos para los ensayos preolímpicos, a principios de agosto en el Estadio Nacional Universitario de Caracas. El día 2 fue el turno de Arquímedes Herrera con sendos récords sudamericanos: 10s.1 en los 100 metros y 20s.5 en los 200. Y el 15 se disputó el Campeonato Nacional donde Estéves produjo una actuación histórica al cronometrar 10s.0, igualando el récord del mundo (una distinción que a nivel atlético desde su país sólo ha podido conseguir, en indoor, la gran triplista Yulimar Rojas). La planilla oficial indicó que la carrera se disputó sin viento y los tres relojes oficiales marcaron 10s.0, en tanto el “extra” tenía 9s9… Herrera llegó segundo on 10s3 y Lloyd Murad fue tercero con 10s6.

                Esteves se perfilaba para estar entre los finalistas olímpicos de Tokio, en octubre, pero el infortunio volvió a perseguirlo: sufrió un desgarro que le impidió participar en los Juegos. Allí Herrera batalló frente a las estrellas del momento y escaló hasta las semifinales, tanto en 100 como 200 (Murad alcanzó los cuartos de final en el hectómetro). El rey de la velocidad fue un coloso, el estadounidense Bob Hayes con 10s0 y una rotunda superioridad sobre los arriba mencionados Figuerola (10s2) y Jerome (10s2). Pero Hayes –un hombre que luego se dedicó al fútbol americano y privó, tal vez, de tener en esa época el primer “sub 10s” en los 100 metros- aún tenía reservado otro espectáculo, para el relevo corto.

                Venezuela presentó a Herrera, Murad, Rafael Romero y Hortensio Fusil, y tras el segundo lugar en su serie con 401s10, implantó el récord sudamericano de 39s65 en semifinales (quedó 3°) y se aseguró un sitio entre los ocho finalistas. En la carrera decisiva, al recibir Hayes su testimonio, Estados Unidos –tras las corridas de Paul Drayton, Garry Ashworth y Richard Stebbins- aparecía en el quinto lugar y se encontraba a tres metros  de los líderes, Polonia y Francia. Aquella remontada de Hayes se recuerda como una de las más notables de la historia olímpica y le dio el oro a su país con un récord mundial de 39s06, dejando a Polonia y Francia en los otros puestos del podio con 39s36. Luego se ubicaron Jamaica con 39s49, la URSS con 39s50 y Venezuela en un meritorio sexto lugar, con nuevo tope sudamericano de 39s53, delante de italianos y británicos.

                Aquella generación venezolana luciría un poco más en el plano regional, pero ya no a nivel mundial. En el Campeonato Sudamericano de 1965 en Rio de Janeiro, los vencedores en velocidad fueron los chilenos Iván Moreno (10s4 en 100) y Carlos Barón (21s6), en tanto Venezuela se llevó las medallas de plata con Héctor Thomas (10s5) y Hortensio  Fusil (21s6). Thomas era el astro del decathlon, competencia que ganó en esa cita de Rio, además de consagrarse subcampeón del alto en largo. EN la posta 4×100, Venezuela –con Herrera, Manuel Planchart, Romero y Fusil- marcó 41s3, a una décima del triunfador, Brasil.

                Esa temporada se cerró con los Juegos Bolivarianos en Quito, donde Pedro Grajales empezaba a mostrar el poderío de la velocidad de Colombia para triunfar en los 200 metros con 20s9, delante de Planchart (21s2) y Herrera (21s5) . Pero este consiguió el triunfo en los 100 metros con 10s4, una décima por delante de Planchart. La posta fue para los colombianos con 40s8, delante de Panamá y Venezuela.

                Horacio Estéves, quien había nacido el 6 de julio de 1941 en Yaritagua, se graduó en Educación Física en Caracas y –ya alejado de las competencias por aquella seguidilla de lesiones- fue un destacado profesor. Sufrió un ACV y murió el 25 de julio de 1996. En aquella década, su hijo Diógenes se ubicaba entre los mejores de nuestra región en el decathlon con 7.237 puntos.

                Romero también se recibió de profesor de Educación Física y posteriormente, de entrenador de atletismo. Realizó cursos de perfeccionamiento en Köln (Alemania) y a su regreso, dirigió la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos. También fue presidente de la Federación Venezolana de Atletismo y director de Deportes en estados como Sucre, Mérida y Yaracuy.

                Herrera se mantuvo activo en el atletismo hasta sus 35 años, aunque ya sin el nivel anterior. Se despidió con los Juegos Bolivarianos de 1970 en Maracaibo, donde volvió a subir al podio: con 10s4 en 100 y 21s5 en 200 escoltó al peruano Fernando Acevedo (10s2, 21s1) en ambas pruebas. Y la última de Arquímedes fue a lo grande, ya que –junto a segundo Guerra, Castro y Marchán- se llevaron el título en la posta 4×100 con 40s5. Siguió vinculado al atletismo como entrenador y juez, falleció el 30 de mayo de 2013 y hoy la Villa Deportiva de Zulia lleva su nombre.

                Merecidamente, como todo el tributo que el atletismo venezolano le ha ofrendado en los últimos tiempos a estos velocistas, sus héroes de aquella inolvidable década del 60.

FOTO: la imagen difundida ahora en FB corresponde al relevo 4×100 del Sudamericano 1961 en Lima con Bonas, Herrera, Esteves y Romero.

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