La historia de Gladys Tejeda

Un excelente artículo en el diario peruano El Comercio refleja la conmovedora historia de la flamante campeona panamericana de maratón, consagrada este sábado en Toronto

  • Por Horacio Zimmermann / Diario El Comercio / Lima
Hubo una vez en que Gladys perdió…
Era todavía una deportista aficionada que se levantaba a las cinco de la mañana para salir a correr en su natal Junín. Demoraba una hora y media en retornar a casa. Mientras su padre se trepaba en un caballo para trasladarse a cuatro mil ciento cinco metros sobre el nivel del mar, ella optaba por correr. Iba a todos lados corriendo. Incluso si su madre la enviaba a comprar a la tienda, también iba corriendo. En su pueblo la conocían como la gacela. Otros le llamaban correcaminos.
Gladys es la última de nueve hijos. Su madre hizo lo que puedo para criar a todos por igual. “No tenía bastante, hice lo que pude”, dice Marcelina Pucuhuaranga.  Gladys se levantaba muy temprano para ir a correr. A las cuatro y media de la mañana ya estaba de pie. Corría desde  las cinco hasta las seis y media. En ese entonces era solo un hobbie, pero contaba con el apoyo incondicional de su mamá. “Regresaba cansada, pero como toda madre, me esperaba con la comida lista”, cuenta la deportista peruana. No obstante, no todo era positivo en su vida.

    Hubo una vez en que Gladys perdió. Cursaba la secundaria y solía competir en las actividades deportivas que se realizaban dentro de su localidad. Se inscribió en una de las competencias maratónicas, pero no pudo ganar. Fue segunda. Quedó en ese lugar porque no tenía zapatillas. “Me presté unas de mi vecina, pero no me quedaron bien y terminé segunda. Me quedé triste”. Fue una gran decepción. “Esa era una competencia para ganar porque el primer puesto se llevaba una cocina bien grande”, contaría más adelante. Y es que Gladys también corría para vivir.

Aquella, sin embargo, no fue la prueba más difícil que tuvo que superar en su vida. La muerte de su padre fue un golpe muy duro que le hizo tambalear las piernas. Sentía que ya no le respondían. Inclusive, estuvo a punto de abandonarlo todo. “Fue muy duro. Perder a un padre no es fácil. Ya no quería ir a correr, nada”, se sinceró Tejeda en algún momento de su vida. Los ojos se les llenan de lágrimas hasta hoy cuando habla de su padre. “Él no está muerto. Está siempre conmigo”.
Con el tiempo Gladys entendió que la muerte de su padre era solo una prueba que debía de superar para continuar con su sueño: participar en los Juegos Olímpicos. Una vez su hermano le preguntó si le gustaría estar en uno de estos eventos. Ella no sabía por qué le preguntaba aquello. Y es que Gladys no tenía conocimiento de que estos se repetían cada cuatro años. Las olimpiadas siempre fueron su debilidad. “Las miraba por televisión”, contaba. Sin embargo, lo que más le impactó fue “ver a Perú sin muchos deportistas”. Ese día, soñó aún más con la posibilidad de estar.

    Su carrera dio un giro enorme cuando el Instituto Peruano del Deporte (IPD) la reclutó en marzo del 2009 tras observarla en una competencia en Junín. Su primera gran prueba internacional fue en Bogotá –corrió la 21K–. Era la primera vez que se subía a un avión para salir del país. “Fue una experiencia que jamás olvidaré”, recuerda. En adelante, Gladys solo conocería de triunfos.

Gladys pudo cumplir uno de sus sueños cuando clasificó a los Juegos Olímpicos de Londres 2012, a los que acudió junto a su madre. “Mi mamá es una gran pieza para mí. Si ella no se hubiera preocupado, yo no hubiera llegado a todo esto. Ella es algo muy sagrado”, reconoce Gladys.
Luego de quedar en el cuarto lugar de la maratón internacional de Seúl, en Corea del Sur, a la cual acudió comprándose unas zapatillas de color amarillo de la marca Nike como única inversión, obtuvo una marca “A” con un tiempo de 2h.32m.32s, con lo que aseguró su presencia en Inglaterra.
Gladys ya había cumplido su primer sueño. Y, de hecho, fue la abanderada de la delegación peruana. Ese día vistió un traje típico de su provincia natal. Estaba feliz. “Estoy orgullosa de llevar la bandera peruana y quiero agradecer por esta oportunidad”, dijo en ese entonces tras conocer al presidente Ollanta Humala en Palacio.


(Foto: AP)

 
En Londres, Gladys quedó en el puesto 43 de la maratón. Por ende, tiene otra meta que cumplir en su carrera. “Mi sueño es estar en el podio y cantar el himno peruano en una olimpiada”.
Hoy Gladys levantó al Perú muy temprano. Y le regaló una alegría. Consiguió la medalla de oro en la maratón de los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Cumplió otro sueño. “Gracias a todo el Perú por seguirme y alentarme desde tan temprano. Me siento muy contenta, es para lo que he estado trabajando. Estuve un mes lejos de mi familia, de mi casa, entrenando en México. Me sentía muy bien preparada, segura de mi entrenamiento”, sostuvo tras recobrar el aire. Así es Gladys, siempre agradecida. Y siempre recordando de dónde vino: “Esto va para Junín”.
En las redes sociales se ha viralizado una foto en la que aparece en la partida de la maratón de hoy junto a las demás competidoras. Sus rivales llevan la marca de sus auspiciadores en los shorts. Ella no.
Y es que Gladys es así.
Ella corre como si el premio siguiera siendo una cocina bien grande…

COMPARTE ESTA NOTICIA

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on pinterest
Share on print
Share on email