La vida de Braian

Luis Vinker /Clarín

Este adiós –inesperado- siempre resulta desgarrador. Y hasta incomprensible. Braian Ezequiel Toledo, con apenas 26 años, era todavía “el proyecto” del gran atleta, el que siempre soñó desde sus comienzos más humildes y el que acunaba sus sueños olímpicos. Pocos minutos antes de la medianoche de este miércoles 26 de febrero en la ruta 40, después de la cena en familia (le había llevado los útiles a uno de sus hermanos que iba a comenzar la secundaria) la moto y a la salida de “su” Marcos Paz… aquel porvenir destruido. ¿Y entonces?. Sólo dolor, pero también el legado de un gran deportista, de un chico profundamente solidario, que hizo de sus propios logros en el atletismo y del esfuerzo de su pasado un modelo para los nuevos, los que lo tenían como punto de referencia y hasta como ídolo en las pistas, en las correderas de lanzamiento, en los gimnasios.

                        La prueba de jabalina es una de las más antiguas, y también de las más atractivas del programa del atletismo. Para sus exponentes del alto nivel requiere básicamente de una combinación poco frecuente: velocidad de desplazamientos, coordinación y fuerza explosiva en sus brazos. ¿El resto? La concentración y mentalidad de competencia, y los detalles técnicos que sólo dan (tediosas, intensas) prácticas a través de los años. Braian, sin ser tan veloz, era igualmente un dotado. Lo notó su maestro Gustavo Osorio, aquel que formó su escuela de lanzadores en Marcos Paz y lo cobijó desde chiquito. Con apenas 17 años, y después de haber acaparado todos los títulos y récords nacionales y sudamericanos, Braian fue el mejor para la categoría de los sub 18, que utiliza jabalinas de 700 gramos: medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Bressanone (Italia) en 2009, medalla de oro en los inaugurales Juegos Olímpicos de la Juventud de Singapur 2010, un récord mundial impresionante de 89 metros y 34 centímetros en el recinto de Mar del Plata, hace exactamente una década y que aún permanece intocable.

                        La progresión no se detuvo en la categoría siguiente (juniors, hoy denominada u20), donde Toledo alcanzó el subcampeonato mundial de Barcelona 2012 después de una memorable batalla con el triniteño Keshorn Walcott, quien le arrebató el título con el último disparo. Pero Toledo había alcanzado la mínima clasificatoria para los Juegos Olímpicos de Londres (donde Walcott también sorprendió con su medalla de oro). Y en aquella cita, Braian se convirtió en el más joven representante atlético argentino en los Juegos desde la época del mediofondista Carlos Dalurzo, a principios de los 70… En dicha categoría, se utiliza la misma jabalina que los mayores, con un peso de 800 gramos, y Braian ya sumaba sus primeros éxitos con los grandes, principalmente la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

                        Así como el lanzamiento de jabalina requiere de aquellas cualidades físicas, también cuenta con un patrón de resultados que se remonta a los primeros tiempos olímpicos. En jabalina las potencias son Finlandia (fundamentalmente), Lituania, Alemania. O la ex Checoslovaquia, cuna de ese gigante llamado Jan Zelezny, uno de los ídolos de Braian. Se trata, en general, de los países nórdicos, aunque la universalidad del atletismo está abriendo ese panorama. El atletismo argentino tenía (y aún tiene) una escasa estructura para  competir en aquellos niveles pero lo cierto es que desde la época del gran Ricardo Heber –oro panamericano del 51, finalista olímpico del 52, seis veces campeón sudamericano- no asomaba un especialista con el potencial y las condiciones naturales de Toledo. Al menos, que soñara con un mano a mano junto a la elite internacional, aquella que desborda largamente los 80 y 85 metros. Uno de aquellos intentos, fue el de otro lanzador y campeón sudamericano, Ian Barney, a quien también la muerte sorprendió, tan joven, a la vuelta de una esquina en un accidente automovilístico, medio siglo atrás.

            Por esa escasa tradición, por nuestra lejanía de los grandes centros y por las dificultades conocidas, el mundo atlético se sorprendía (gratamente) con la aparición de un jabalinista argentino en los primeros planos. Pero aún con sus antecedentes en las categorías juveniles y con su perspectiva, la transición hacia los mayores siempre resulta complicada. Poco a poco Braian se fue acomodando y desde el 2015 se posicionó sobre los 80 metros. Fue un gran mérito instalarse en la final del Campeonato Mundial de ese año, en Beijing, tras una clasificación en la que consiguió la mejor marca de su vida (83,32 metros el 24 de agosto), ocupando el 10° puesto en la prueba decisiva con 80,27. Allí, junto al garrochista Germán Chiaraviglio y al lanzador de bala Germán Lauro concretaron la mejor performance de conjunto de la Argentina en los Mundiales, con tres finalistas. El propio Toledo y Chiaraviglio repitieron un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, donde el jabalinista terminó 10° con 79.81 metros.

            Fue después de aquellos Juegos cuando Braian Toledo decidió un cambio en su preparación, pensando en los siguientes ciclos olímpicos. Y se radicó en Finlandia, la “patria” de los lanzadores de jabalina, con un centro de alto rendimiento en Kuortanen, seis meses de nieve, máxima exigencia. Quedó bajo la conducción técnica de uno de los entrenadores más reconocidos, Kari Hialainen, el mismo que le acompañó hasta estos últimos días, siempre con la misma confianza: “Sé de dónde vienes y por eso, sé hasta dónde puedes llegar”, le había expresado, en alusión a una infancia tan dura. Pero las lesiones complicaron ese ciclo, sobre todo el año pasado, cuando Braian debió operarse un tobillo después de competir en el torneo Orlando Guaita, en Santiago de Chile, y quedó al margen de la temporada internacional de competencias. Ahora, ya recuperado físicamente, estaban entrenando en el CENARD con vistas al Iberoamericano de Tenerife y a la búsqueda de la mínima clasificatoria para Tokio… cuando pasó lo que sabemos.

            Aquella colección de marcas y récords quedará para los libros y para el recuerdo. Los proyectos, en tan sólo una ilusión. El dolor, inmenso. Brian Toledo fue mucho más que eso. Un chico que vino de una infancia de padre ausente, de dormir hasta los doce años en una casilla y prácticamente sobre el suelo, de una madre que luchó para alimentar a Braian  y sus hijos cómo pudo. Hasta que salieron adelante, hasta que la vitalidad deportiva de Toledo pudo revertir esa historia. Y mucho más, dedicar cada momento que su entrenamiento o su ciclo competitivo podía a desplegar su propia agenda solidaria, se movilizó para que los chicos de Marcos Paz tuvieran su escenario atlético con condiciones, para que otra gente tuviera la casa que él no tuvo, lo hizo con la ONG “Arriba los pibes” y con otras organizaciones solidarias. Su voz de aliento al resto de los atletas fue siempre la de primera fila en todos los equipos nacionales, abrió puertas y enseñó el camino. Así se lo vio en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires –meses atrás, ya parece tan lejano…- con sus herederos, uno de ellos Gustavo Agustín Osorio, hijo de su ex maestro, llevándose la medalla de plata en jabalina. Y en cada cita deportiva. Ese es el recuerdo, luminoso, que quedará por siempre.

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on whatsapp

Emiliano Lasa se recupera de una cirugía

Por Andrés Cottini /Uruguay El destacado atleta uruguayo Emiliano Lasa apuesta a utilizar lo que resta del año para encontrar su mejor forma para el

Raúl Ibarra, el atleta del pueblo

Por LUIS VINKER Hace ya muchos años, cuando conversábamos con aquel notable entrenador –especialmente de pruebas de larga distancia- que fue Manolo Rivera resurgió el