Lloyd Murad, un venezolano clave en los relevos

CONSUDATLE / Atletas en el recuerdo

En varias oportunidades, hicimos referencia a aquella notable década del atletismo venezolano que fue la de 1960, especialmente en las pruebas de velocidad. El atletismo de Venezuela siempre recordó a sus figuras de ese tiempo como “la generación de los superdotados” y otros calificativos, que marcaron el despegue en la actividad en su país. Y los nombres que aparecieron en los primeros planos fueron los de Horacio Estéves (autor del récord mundial de los 100 metros con 10s.0), Arquímedes Herrera o Rafael Romero, principalmente. Varios atletas más de alto nivel acompañaron estas gestas y una de las historias más relevantes corresponde a Lloyd Murad, quien integró el relevo 4×100 que alcanzó dos finales olímpicas consecutivas –Roma 1960, Tokio 1964- además de apuntalar casi todas las conquistas en los grandes campeonatos. Pero Murad también desarrolló una interesante campaña en EE.UU., en un equipo que constituye una leyenda del atletismo mundial: San Jose State University, los legendarios “Spartans” que comandaba el coach Lloyd “Bud” Winter.

            Murad nació el 9 de abril de 1933 en Trinidad Tobago pero, ya en Venezuela, se incorporó a las escuadras de jóvenes atletas que impulsó el gran entrenador Ladislao Lazar y que cimentó tantos éxitos del atletismo de ese país.

            En 1959, Murad logró las medallas de bronce de 100 y 200 metros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Caracas con 10s.92 y 22s.40 respectivamente. El campeón en esa oportunidad, en ambas pruebas, fue el puertorriqueño Manuel Rivera (10s87, 21s79), pero un todavía “junior” Horacio Estéves en 100 y Rafael Romero en 200 fueron sus escoltas. Con Clide Bonas, el más experimentado, como lanzador y Murad, Estévez y Romero se llevaron el título de la posta corta, el primero de tantas conquistas que iban a hilvanar en el terreno internacional.

            Ese mismo año, la posta 4×100 venezolana (con Emilio Romero en lugar de Estéves) logró la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Chicago, marcando 41s.1.

            En las evaluaciones para los Juegos Olímpicos de Roma (1960), Murad alcanzó la mejor marca de su vida sobre 100 metros: 10s.3. Fue el 12 de junio en Caracas, en una cerrada competencia con Rafael Romero, quien se impuso con la misma marca.

            Murad fue designado para las dos individuales en los Juegos, alcanzando los cuartos de final en el hectómetro (5° con 10s97, tras sus 10s.82 en la primera vuelta) y quedando 3° en su serie de 200 con 21s86, sin acceder a cuartos. Estéves se había lucido con su puesto de semifinalista en 100, pero una de las lesiones que tanto amargaron su campaña le impidieron aportar en las fases decisivas del relevo (sólo pudo participar en la serie). Aún con esa ausencia, el equipo venezolano –Bonas, Murad, Emilio y Rafael Romero- trepó hasta la final, donde logró el 5° puesto con 40s.83, en la clasificación más alta de su historia, tras establecer el récord sudamericano de 40s.49 en semifinales.

            Semanas más tarde, durante el primer Campeonato Iberoamericano celebrado en el Estadio Nacional en Santiago de Chile, Murad logró la medalla de bronce de los 200 metros llanos con 21s.5, prueba ganada por su compatriota Rafael Romero con 20s8, seguido por el brasileño –y anterior finalista olímpico de la distancia- José Telles da Conceicao (21s5). La posta venezolana que integraron Estéves, Murad, Emilio y Rafael Romero se llevó el título con 40s.3, marca sudamericana manual.

            A fines de la temporada siguiente, Murad se incorporó a las filas universitarias de San José, en California –reside en EE.UU. desde entonces- pero nunca dejó de participar en las convocatorias de su país.

            En 1962 una formación venezolana con sus figuras habituales (Herrera, Murad, Rafael Romero y Estéves) retuvo el cetro Centroamericano y del Caribe en Kingston, bajando en tres décimas (a 40s.0) aquella marca sudamericana manual.

            Y en octubre del mismo año, el atletismo de Venezuela produjo una de sus mayores gestas al obtener la clasificación masculina por equipos en el Estadio Vallehermoso de Madrid, por el segundo Iberoamericano. Allí Murad aportó en los relevos con el triunfo en la 4×400 (junto a Arístides Pineda, “Jimmy” Maldonado y Hortensio Fusil) y el segundo lugar en la posta corta.

            Murad se había afianzado en su campaña en EE.UU. pero asistió al proceso clasificatorio de Venezuela para los Juegos Olímpicos de Tokio (1964). La posta corta –Herrera, Murad, Rafael Romero y Estéves- se había mostrado en óptima forma al cruzar por primera vez la frontera de los 40 segundos, el 24 de junio (39s.8), mientras Herrera destacaba en la individual con su récord de 10s.1. La definición se produjo en los Campeonatos Nacionales, en una memorable jornada del 15 de agosto en la pista del Estadio Universitario, en Caracas. Nacía la tarde y Horacio Estéves corría los 100 metros llanos en 10s.0, igualando el registro mundial establecido cuatro años antes por el alemán Armin Hary y perfilándose como una firme esperanza olímpica. Herrera fue su escolta con 10s.3 y Murad quedó tercero con 10s.6.

            Otra lesión, muy lamentada una vez más, dejó al gran Estéves fuera de sus sueños olímpicos. Murad consiguió ubicarse nuevamente en los cuartos de final de los 100 metros (10s.77), mientras Herrera llegaba a semifinales. El relevo formó esta vez con Herrera, Murad, Rafael Romero y Hortensio Fusil, quebrando en sus tres participaciones el récord sudamericano con el control electrónico: 4010, 39s65 y, en la final, 39s53, para obtener allí el sexto puesto, en una competencia que se recuerda especialmente por la exhibición del supercampeón individual, el estadounidense Bob Hayes.

            El equipo atlético de San Jose, al que se había incorporado Murad un par de temporadas antes, fue el “semillero” para los astros mundiales de su época, que brillaron como nunca en los Juegos Olímpicos de México (1968): allí entrenaban, entre otras luminarias, Tommie Smith (campeón y recordman mundial de los 200 metros llanos), su gran compañero y rival John Carlos (bronce en dichos Juegos) y Lee Evans (autor del fantástico WR de los 400 con 43s.86 que tuvo una vigencia de dos décadas). También, bajo la guía del coach Winter habían estado varios campeones olímpicos y recordistas mundiales de la década anterior, así como un griego, Christos Papanicolau, quien se alzó con la maximarca del salto con garrocha.

            Pero, además de ser la cuna de grandes campeones, fue también el sitio donde tuvo gran impulso el movimiento por los derechos civiles y la igualdad racial: todos recordamos los gestos de Carlos, Evans y Smith en el podio de los Juegos de México…

            Murad se destacó en sus campañas entre el 62 y 65, logrando su mejor marca individual de 21s.2 sobre 220 yardas (convertidos a 21s1 en 200 llanos) el 15 de julio de 1964 justamente en San Jose, la ciudad que se había ganado el apodo de “Speed City” por su envidiable plantel de velocistas. Al año siguiente, en Berkeley, el equipo de San Jose se alzó con el título nacional universitario (NCAA) en la 4×100 que Murad integró con Wayne Hermen Maurice Compton y Tommie Smith, quien iniciaba así su escalada hacia la cumbre. Marcaron 40s5 y, en el puntaje final del campeonato, el equipo dirigido por el coach Winter terminó segundo detrás de Oregon, conducido por otra leyenda: Bill Bowerman.

A su retiro de las competiciones, Murad se desenvolvió por un largo período como entrenador en distintos equipos californianos.

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